jueves, 19 de septiembre de 2013

Comenzando de nuevo

Hace mucho tiempo que no escribo en este blog. Lo he tenido olvidado, abandonado. Pues bien, hoy me apetece escribir, retomar de nuevo este proyecto.

Mi vida ha cambiado mucho desde la última vez que publiqué una entrada. Hace ya más de un año que llegué a Alemania, donde resido y trabajo. Aquí me han dado la oportunidad que deseaba y no encontré en casa. Aquí puedo trabajar y vivir de ello. Puedo formarme y ser independiente. No ha sido fácil.

Alemania es un país que me apasiona, no es ningún secreto. La literatura, la cultura, la gente y ese idioma que suena a "kartoffel-achtung-.bratwurst". Una melodía divina.

Confío en poder publicar con cierta regularidad sobre la realidad de este país, las tradiciones y las anécdotas que me ocurran, además de sobre los temas que antes trataba.

¡Un saludo a todos!
Ángel

sábado, 28 de enero de 2012

Relojes

Tic. Tac. Tic. Tac. Se levanta tarde. No tiene prisa.

Tic. Tac. Tic. Tac. Paso a paso, muy lentamente, camina hacia la cocina. Una rebanada de pan, mantequilla y mermelada. No tiene hambre de más. No puede tener hambre de más.

Tic. Tac. Tic. Tac. Va al baño. Se lava los dientes. Con las manos se echa agua en la cara. Desde pequeño siempre le ha gustado la sensación del agua fría corriendo por sus mejillas, limpiando sus ojos.

Tic. Tac. Tic. Tac. Enciende el rooter y el ordenador. Mira el correo, las noticias diarias, las últimas actualizaciones de Facebook. Parece que a su amigo de infancia, sí, a… ¿cómo se llamaba?, no le va mal por Alemania. Debe ser bonito viajar y conocer nuevos sitios, nuevas gentes.

Tic. Tac. Tic. Tac. Empieza la búsqueda diaria. Una, dos, cien, mil páginas de anuncios, de empleo, de oportunidades entre sorbitos de café. ¿Oportunidades?

Tic. Tac. Tic. Tac. Hace años que acabó la carrera. Licenciado en algo, no recuerdo exactamente en qué. Trabajó una vez, justo al terminar, de becario. Desde entonces nada. Sólo la angustiosa sucesión de días.

Tic. Tac. Tic. Tac. La cabeza le va a estallar. No lee, vuela sobre las palabras iluminadas en la pantalla plana. Los ojos, rojos ya, saltan de letra en letra con avidez. Pero nada. Desea golpear la cabeza contra la mesa para desahogarse, repetidamente.

Tic. Tac. Tic. Tac. Decide salir, airearse. Baja a dar un paseo, es lo que suele hacer. Si no se volvería loco, solo en su piso, sin contacto con el mundo.

Tic. Tac. Tic. Tac. Hace sol, no parece invierno. Los señores celebran como cada día su reunión frente al bar de la esquina. La niña de la panadera juega con su nuevo carrito. Es increíble lo que ha crecido en los últimos meses. Antes no llegaba al escaparate. Ahora su dulce mirada alcanza a ver todas las chucherías de la tienda de frutos secos.

Tic. Tac. Tic. Tac. Vuelve a casa. En el portal le aborda el mismo vecino entrometido de siempre. Que qué tal pregunta. Que si ha encontrado ya trabajo. Que él le puede ayudar. Que hay que saber buscar y no ser un vago.

Tic. Tac. Tic. Tac. Se quita el abrigo y se sienta. La pantalla sigue encendida. Hace frío en casa. No hay calefacción.

Tic. Tac. Tic. Tac. Sigue cantando monótonamente el reloj de la cocina. Como cada hora, cada día, cada año.


viernes, 20 de enero de 2012

Sombras

Estoy en la escalera, sentado sobre un cartón que encontré tirado hace mucho tiempo. Hace frío, mucho frío. De poco me sirve llevar este abrigo prestado y estos guantes llenos de agujeros. Todavía recuerdo la voz dulce y cálida de mi madre que me abrigaba antes de ir al colegio. Parece que aquello fue uno de esos sueños fruto del vino. El viento sopla y no hay donde resguardarse. Los pelos de la barba se me clavan como agujas en la cara. Desearía arrancármelos, tirar con  fuerza y librarme de ellos.

Empieza a salir gente de la estación y a pasar junto a mí. Ya está anocheciendo, hace poco han encendido las farolas. Bajo su luz rojiza, rostros cansados, con prisa. Fruncen el ceño y caminan rápido. Acerco la mano mientras suben las escaleras. Levanto los ojos. Les observo. Pero ellos no me ven. Empiezo a hablarles pero mis lamentos chocan contra figuras de piedra. Quizás han oído demasiados. Tiendo la mano hacia una señora, cuarenta años, rubia, con gafas. Pero sigue sin verme. Soy como un fantasma, invisible, incorpóreo, impersonal. Podría caminar todo el día entre ellos y no percibirían mi existencia. No me ven. No me oyen.

Salen los últimos pasajeros. Es hora punta, todos regresan a casa, apretados, aplastados como en una lata. Cerrando el cortejo diario van los viejos y las madres con niños. Yo sigo sentado, hablando sin ser escuchado, viendo sin ser visto.

Un niño se para delante de mí. Sus ojos miran mis manos, sucias, oscuras y gruesas. Intenta leer el cartel que llevo atado al cuello. Guardo silencio. Le sonrío. Él tiene miedo. Pero poco a poco me devuelve la sonrisa. Su madre tira de él y el niño se aleja, de un salto.

Hace mucho frío en este escalón. Parecen hechos de hielo, a propósito para que la gente no se detenga y camine lo más rápido posible hacia un lugar más cálido. El cartón es lo único que me protege. Doy un trago pero no me siento mejor. El viento sopla. Sigo acurrucado, como una masa informe, una piedra que espera que el próximo tren traiga algo.


"Just a shadow in the wall"

domingo, 1 de enero de 2012

¡Feliz año 2012!

Hoy seré breve y conciso: ¡Feliz año nuevo y gracias por vuestra fidelidad a este blog! Y como no podía ser de otra manera, nada mejor que empezar con:



Un abrazo a todos

Ángel

martes, 27 de diciembre de 2011

El último rey de Escocia; parte 2

Aparte de la impresión que causa, “El último rey de Escocia” despierta en el espectador preguntas que siempre están ahí, pero sobre las que nunca nos paramos a reflexionar. A mí particularmente es algo que día y noche me duele, me irrita, como una herida inoportuna que a veces nos hacemos en un dedo y que escuece con alcohol. A la hora de comer, a la hora de cenar, siempre está ahí: ¿por qué? Simple y llanamente, ¿por qué?

No me cabe en la cabeza, ni con calzador me entra. Si todos somos humanos, si todos, parafraseando a Shakespeare, sangramos cuando nos pinchan, ¿por qué? ¿Por qué causar mal, matar, herir a otras personas? No lo entiendo. ¿Por qué tanto odio?

Muchos pensaréis a estas alturas que esto sólo son las preguntas de un inocentón que todavía no ha vivido lo suficiente, que no se ha dado cuenta de que la vida no es un sueño y de que siempre habrá asesinos, víctimas y odio. Puede que tengáis razón.

Pero la pregunta sigue ahí, sin respuesta, pero no por ello muerta.

Cuando conduzco, siempre hay alguien que tiene que ser más listo. Suele ser algún tipo en chándal, con cadenas de ¿oro?, gorra y gafas de sol, aunque estemos en un túnel y el día esté nublado. Que tiene que adelantar por donde no se puede, que va sin luces tumbando aguja. ¿Por qué en ese momento pienso (a veces en voz alta) “ya te estrellarás, cabrón”? Es un reflejo humano, todos alguna vez lo tenemos (no el de llamar cabrón al chulito del coche “tuneAO”, sino el de desear el mal a otra persona).

Hace no mucho todos los telenoticias del mundo emitían las imágenes de la tortura de Gadafi a manos de los rebeldes. ¿Qué habría hecho yo en su lugar? Luchando en el desierto contra un dictador que mató a mi familia y no dudaría en hacer lo propio conmigo. ¿Me uniría al linchamiento y posterior mutilación? ¿Me abstendría y miraría desde lejos? ¿Por qué él derramó tanta sangre? ¿Y por qué derramo yo ahora la suya?

Hay algo destructivo en el ser humano. Algo que lo empuja a la violencia, al odio, a la venganza. Es natural, todos lo llevamos dentro. Nos aprisiona, nos devora sin piedad. Desgarra el alma y la consume.

Sólo hay una salida: la del amor, la de la fe en el bien.

sábado, 10 de diciembre de 2011

El último rey de Escocia; parte 1

Noche de jueves en casa. No tengo nada que hacer. Mañana puedo dormir lo que me plazca. Hoy puedo perder todo el tiempo que quiera frente a la tele. Me apetece tumbarme en el sofá y disfrutar del calorcito de la estufa. Fuera hace mucho frío. Voy cambiando de canal. Cotilleo, anuncio de compresas, españolada cutre, más compresas, reposición de “Aquí no hay quien viva” otra vez…ah, aquí parece que echan algo interesante.


“El último rey de Escocia” se llama la película. Tiene buena pinta. Cuenta la historia (absténgase de seguir leyendo los que no la hayan visto todavía) de un hombre, un campesino que llega a primer ministro en Uganda. Al principio, las imágenes rebosan de alegría y esperanza. Él quiere cambiar su país, que todos tengan un techo bajo el que cobijarse y un pan para llevarse a la boca. Los niños corren junto al coche del “salvador del pueblo” sonrientes y cantando. En uno de sus viajes, conoce a un médico cooperante y le ofrece un puesto para “mejorar la vida del pueblo”. El sueño de cualquier alma bienintencionada vamos, ocupar un cargo importante para salvar a los desfavorecidos. El joven, que es escocés, acepta y es ahí donde empiezan los problemas. El “cambio” es más radical de lo que se podría uno imaginar. El primer ministro asesina, tortura, mata y descuartiza sin el menor remordimiento. Primero a sus rivales más directos, luego a todo el que ose llevarle la contraria, y por último a aquellos de quienes tiene alguna leve sospecha. Desaparecen las sonrisas y se instaura el miedo. Fotograma tras fotograma se suceden cubiertos de sangre; una orgía macabra de balas y terror. El escocés, antes amigo y consejero, se distancia cada vez más, pero ya no puede escapar. No tiene salida. Si renuncia tendrá que aceptar las consecuencias.

La película es digna de mención tanto por la historia que narra que no se aleja mucho de la realidad, como por la crudeza con la que la representa. Muy recomendable, aunque no apta para estómagos sensibles, lo aviso. El que avisa no es traidor.

Continuaré en otra entrada con las reflexiones que la película me ha inspirado.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Skeptikos, del gr. pensativo

Hoy ha llegado al buzón algo que nunca antes había visto. Un papelito, pequeño y doblado como uno de esos telegramas que antes se enviaban. Es del censo. En él aparecen su nombre y apellidos, algún que otro número y la dirección de un colegio.

¿Y hay que ir de verdad tan lejos? Es que tengo muchas cosas que hacer— me dice.

Yo me encojo de hombros y callo. Y yo qué sé si hay que ir. Se supone que es mayor. Se supone que es libre para hacer lo que quiera.

Y, Ángel, tú, ¿A quién vas a votar?

Parece que hoy no podré comer tranquilo viendo la tele. Vaya por Dios.

Pues no lo sé. No sé a quién voy a votar, la verdad. Por falta de publicidad no es. Están hasta en la sopa. Tampoco por falta de información. En mi deseo de saber y gracias al tiempo libre, me tragué algún que otro programa electoral. O más bien me atraganté con ellos.

Y ahora dime, en serio, ¿crees que todo esto vale para algo? ¿Que el mundo cambiará por un voto?

¿Por qué me tuvo que tocar a mí la preguntona? Tampoco sé si esto vale para algo, lo reconozco. Me gusta pensar que es útil. Que puedo cambiar las cosas. Que está en mis manos ir a mejor.  Pero no lo sé. Si no lo veo, no lo creo. Todo seguirá igual. Eterno retorno. ¿O no?

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Ruinas

Nací un 25 de marzo. Un día como otro cualquiera me diréis y tendréis toda la razón. El sol salió y se puso como los demás 364 días del año. Nada nuevo.

Para mí, sin embargo, es un día que tiene algo especial. Quizás porque se celebre la Anunciación, cuando la Virgen recibió la visita de un tocayo mío. O porque el rey Hussein de Jordania fue coronado esa fecha (ya veis lo que me importa, con todos mis respetos por el augusto en cuestión). O, a lo mejor, porque en Grecia se celebra la independencia, el día en que un puñado de bandidos y mercaderes exiliados se levantaron en armas contra el yugo otomano.

Y muchos os preguntaréis ¿y este qué nos está contando? Os lo explico.

No pertenezco a ningún lugar y a la vez pertenezco a dos tierras distintas pero parecidas: Grecia y España. Llevo por mis venas el salitre del Egeo y los campos de Castilla. No es quizás el mejor momento para decirlo, pero sí, mis raíces se extienden por dos de los cerdos de Europa.

¿Qué os voy a contar que sea nuevo? Nada. Grecia se hunde, tiene una deuda enorme que supera con mucho la capacidad anual de producción del país. Se lo merecen piensan muchos. Por ladrones, por corruptos y parásitos. Ese estilo de vida mediterráneo era insostenible. Vale, puede que tengan razón, no lo sé. Lo que sí sé, y de primera mano, es que gente como yo, que ha dedicado su vida al estudio y al trabajo ve ahora su existencia abocada a la miseria más absoluta, a una pobreza que no se merecen.

Y la tragedia no es sólo griega lamentablemente. Ya se ha abatido sobre otras capitales, la última Roma. El país está al borde del rescate en este momento. Y todo indica que la catástrofe no se detendrá allí. Por lo que apuntan las previsiones, su siguiente destino será España, el último gorrino en pie.

No soy ningún experto, sé más bien nada de economía. Pero me pregunto, como hombre libre, ¿por qué tanto sufrimiento, tanta hambre, tanto dolor en un mundo que produce más de lo que necesita? ¿Quiénes son esos mercados, esas agencias de especulación que en las sombras parecen dirigir a países y pueblos enteros hacia la ruina, y que cambian gobiernos en cuestión de horas, minutos y segundos? A lo mejor ellos no son culpables de nada y los verdaderos artífices de todo este jaleo seamos nosotros mismos, con el sistema que hemos creado, que tanto nos ha beneficiado y del que tanto hemos obtenido.

Necesito respuestas, alguien a quien señalar, alguien a quien mirar a la cara.

Grecia, mi otra mitad, arde ya en llamas. No parece haber solución alguna, y el fuego arrasa todo a su paso. El gasto, la ambición y el poder engullen el país y nadie puede escapar de sus fauces de acero. Las mismas que hace no mucho trajeron la prosperidad.

Mientras tanto, desde lo alto de la ruinosa colina, Atenea contempla el espectáculo y menea la cabeza dando un largo suspiro.




jueves, 13 de octubre de 2011

Esféricamente absurdo

Punto muerto. Levanta el pie del acelerador, no sirve para nada. Estás estancado, los pies hundidos en el barro, no puedes moverte. No hay cuerda a la que agarrarte. Estás ahí, inmóvil, por propia voluntad, o más bien por DES-voluntad. Siempre temiste estar así, pero ahora ya no sientes miedo. Todo se reduce a hastío, cansancio, pereza. El mundo cambia, gira cada segundo. Tú lo miras, sentado, y bostezas. ¿Para qué? ¿Por qué? Absurdo. La vida es absurda.

Algunos lo llaman destino, otros suerte, otros simplemente Dios. Absurdo. Nada pasa por una razón, no hay fin. ¿Por qué tendría que haberlo? El objetivo no es la felicidad, ni el amor, ni alcanzar la divinidad. No hay objetivo. Sólo olas que nos zarandean de un lado y de otro, mientras nosotros ardemos, anclados bajo el sol.

Dice Camus que en saber disfrutar del absurdo reside la felicidad, el bienestar, o al menos, la vida. Permíteme que lo dude. No me equiparo con él, ojalá. Sólo considero que todo eso del carpe diem, de vive la vida y demás típicos tópicos no son sino eso, tópicos para mentes verdes.

No hay carpe diem, ni disfrute de lo absurdo que nos haga conformarnos, encontrar la plenitud ni la felicidad. Son máximas bonitas, sí, además el latín aporta gravedad a todo, pero sólo son eso.

Frases de un soplo, de un momento, que desaparecen cuando se las lleva el viento de los problemas, las angustias, las preocupaciones, lo cotidiano.

Sigues varado, encallado mientras el sol te abrasa, los labios secos y agrietados saben a sal.

sábado, 1 de octubre de 2011

La resistencia

Hay libros que a uno le marcan, le dejan una huella invisible. “La resistencia” de Ernesto Sabato es uno de ellos. Sería difícil tratar de condensar las ideas del libro en un artículo. Son muchísimas, casi incontables; hemos de tener en cuenta que esta obra es el testamento vital de una personalidad introvertida pero muy rica. Mas el libro no destaca sólo por sus ideas, sino también por sus palabras, por la manera de reflejar con ellas el mundo.
“La resistencia” se divide en cinco cartas que Sabato dirige a los lectores. En ellas se analiza la triste realidad del hombre posmoderno. Nada es como antes. Poco a poco las personas han pasado a ser números, piezas, engranajes. Nuestra importancia se reduce a lo que producimos y a lo que consumimos. Hacia ambas metas se orienta la educación (crear máquinas productoras eficientes) y el ocio (consumir, comprar y gastar).
Las relaciones humanas han cambiado. Pasamos horas delante de una pantalla creyendo que cada vez estamos más informados, más conectados, y más en contacto con los demás, cuando en realidad no prestamos ni la más mínima atención a los que nos rodean. No vivimos. Y cada vez más y más gente sola, triste, abandonada, en medio del tumulto de la ciudad. Se vive rápido, casi a trompicones y con ruido, mucho mucho ruido para no sentirnos solos, para que nuestra conciencia no nos torture en el silencio. Importa lo grande, no lo pequeño. Los antiguos valores han sido pisoteados. No hay espiritualidad posible en la producción. Nadie se sacrifica por nada. Todo es relativo. El más desvergonzado alcanza la fama ante la mirada aduladora de todos. La muerte se oculta y esconde en el trastero. Tendemos a la globalización, pero no como multiculturalismo sino como homogeneización creadora de clones.
Nos resta la esperanza ante la debacle que vivimos. Hay que resistir y ser valientes. La luz reside en el silencio, en el diálogo sincero de corazón a corazón, en la esperanza y la fe, en el amor. Todavía estamos a tiempo.
Ya que, como bien dice Sabato, sólo “estaremos perdidos si no revertimos, con energía, con amor, esta tendencia que nos constituye en adoradores de la televisión (ahora podríamos decir ordenador), los chicos idiotizados que ya no juegan en los parques. Si hay Dios que no lo permita”.
Ciento veintitrés páginas críticas pero iluminadoras para comprender el mundo en que nos ha tocado vivir. No dejan impasible a nadie. Bravo por Don Ernesto.

martes, 20 de septiembre de 2011

A veces dura, otras en cambio duele

Todos alguna vez lo hemos dicho, es una fórmula hecha y repetida hasta la saciedad "te deseo todo lo mejor". Pero, ¿somos sinceros?




Impresionante voz y buen acompañamiento con el piano.

Gracias Marta por esta canción.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Testimonio JMJ 2011

Ante el ahogo, confía

Publicado originalmente en http://jovenesdehonianos.blogspot.com/


Por fin se acabó todo. No veía la hora de que la espiral de calor, gente, cansancio y nervio terminara. Apuesto a que este ha sido el pensamiento de muchos voluntarios durante estos pasados días de agosto.

Es difícil coordinar a dos personas, así que imaginad lo imposible de organizar a 350. Repartir, guiar, explicar, traducir…agobio para todos, lo regalamos.

Fue una carga pesada sobre nuestros pobres hombros. Parecía que arrastrábamos una pesada piedra por un camino interminable, salpicado de reuniones continuas, malentendidos y despistes. A cada recodo, a cada curva, nuevos obstáculos. Normal que en ciertos momentos, agotados, abrumados decidiéramos soltar la carga y explotáramos como llenos de pólvora.


Sin embargo, ya todo ha acabado. Hemos llevado el peso hasta la meta y ya podemos descansar. Del esfuerzo realizado ya sólo quedan recuerdos, imágenes y, en mi caso, cierta satisfacción por la labor que hemos hecho.

Bueno, vale, no todo salió al pie de la letra, tal y como fue planeado, pero ¿a quién le importa? Al fin y al cabo la vida nunca sale como queremos. No se prevén los desmayos, ni los retrasos, ni los extravíos…pero también ellos son parte de la vida.

Seguro que muchos ya estarán trabajando y ya queda poco para el comienzo de un nuevo curso. Vuelta al cansancio, al nervio, la prisa y el agobio. No obstante, los que estuvimos allí somos distintos, o al menos a mí me gusta pensar así. Vendrán tiempos duros, de esfuerzo, pero saldremos adelante como hemos salido de estos días. Porque Él nos acompañará y ayudará como hizo esta vez. No te ahogues. Confía. Dale la mano y camina hacia delante. No tengas miedo de no tener qué comer. Él os ofrecerá lo mejor que tenga en su bolsa, sin reservas. No temas el calor. Él te enviará agua desde terrazas y jardines, para aliviarte.

Él estará con nosotros como siempre lo ha hecho, aunque no nos hayamos dado cuenta. No estamos solos, hay muchos como nosotros, toda una familia, una Iglesia, un Dios.

Ánimo a todos, mucha fuerza para seguir caminando. Tengamos fe, seamos humildes y confiemos en Él. Y sobre todo, amemos con paciencia y sin límites.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Arena fina

Arena fina entre los dedos de los pies. Viento acariciando la palma de la mano. Agua fresca en la cara. Sol ardiente en el brazo. La vida es un regalo.

No, hoy no me he levantado especialmente positivo. Tengo sueño y lo que más me apetece es dormir una siesta olímpica. Pero aun cansado, lo repito y nadie hará que cambie de opinión: la vida es maravillosa.

A veces, en la rutina maquinal del día a día no nos damos cuenta, lo olvidamos. Estamos tan abrumados por problemas y preocupaciones que no vemos más allá. El sol deja de salir. Nadie tiene que soportar una carga tan grande como la nuestra.

En esos días, convendría llevar escrito en la palma de la mano y con letras bien grandes: la vida es felicidad por sí misma. No te desanimes. Sigue. Ánimo. Vive.

De acuerdo, también puede convertirse en un infierno donde una gigantesca ola de fuego, tristeza, problemas y desesperanza se cierne sobre nosotros. No te preocupes. La vida sigue ahí, como una roca que aguanta la embestida.

Cuando viajamos, todo nos asombra, todo nos sorprende. Levantamos la cabeza admirados, con la boca abierta y el corazón desbocado, como los niños cuando exploran el mundo por primera vez. Y entonces volvemos a casa, a lo anodino. Parece muy lejano el día en que visitamos aquel paraíso. Todo ha vuelto a la mediocre normalidad. ¿Por qué? ¿No estamos acaso bajo el mismo cielo? ¿No pisamos la misma tierra?

Vivir como si de un eterno viaje se tratara, como si el camino no tuviera fin, y a cada piedra del sendero asombrarme, y abrir los ojos como platos. Así es como quiero vivir yo.


P.D. Gracias por hacer de este vida algo tan especial.

jueves, 4 de agosto de 2011

¡Basta ya!

Odio: dícese de la antipatía y aversión hacia alguna cosa o persona cuyo mal se desea. Y añado yo: sustancia letal que, mamada desde la cuna, puede llevar al organismo a la muerte más dolorosa.

El Sol abrasa en la ciudad, quema, y convierte en cenizas todo lo que toca. El aire se hace irrespirable. Ya es imposible llenar los pulmones de la fragancia de las plantas, escuchar el murmullo del agua. Sólo queda el grito furioso, irracional y violento. No hay más que saliva llena de odio en el asfalto.

Yo estuve allí. Yo salí a la calle y participé. Yo quería cambiar el mundo, crear un lugar más justo donde las personas sean las que importen, y reinen el respeto, la paz y el amor. Aún lo quiero. Pero no así. No insultando, escupiendo, invadiendo y arrasando como bestias descontroladas. Llevar uniforme no significa dejar de ser humano. Abrir al amanecer una tienda en una céntrica plaza no convierte a nadie en desalmado capitalista. No todos son fieras dirán algunos. ¿Por qué entonces todos se comportan como tales, cortando calles sin respetar a nadie? Como el toro que desorientado arremete en todas direcciones, perdido, y sangrante sin saber bien de dónde le vienen los golpes. La culpa es del diabólico viejo que nos visita con todo pagado dirán otros. Lástima de los que tan perdidos están para hablar así.

¡Basta ya! No más odio. Tristemente en España el odio ha sido por mucho tiempo motor de la historia. Rojos, fascistas, de derechas y de izquierdas. Etiquetas. Casillas impuestas desde la cuna, desde el televisor. Dejemos el odio a un lado. Esa es la única manera de realizar cualquier cambio a largo plazo. Sin odio. ¿Cuál es si no el plan? ¿Imponer reformas a gusto del saltimbanqui de turno que luego serán derogadas y así hasta el fin de los días? ¿Ocupar plazas? ¿Escupir insultos sobre hombres y mujeres que son padres, hijos, hermanos? El odio no conduce sino a más odio, y por ende, a más sufrimiento. ¿Es eso lo que queremos? No. Hay otras formas de actuar y gritar alto claro y con respeto ¡Justicia!

lunes, 1 de agosto de 2011

Silencio

Nunca comprendí todo eso de la vida contemplativa. Recuerdo que en el colegio era de los “rebeldes” que saltaba cuando salía el tema. ¿Qué es eso de contemplativa? Básicamente no hacer nada, ¿no? Rezar y rezar mientras los demás nos matamos a trabajar, mueren niños y la injusticia reina. Pues vaya.

Crecí y, en la adolescencia, los monasterios y los monjes tenían un halo de romanticismo. Caballeros de otro tiempo, olvidados, apartados del mundo, solitarios, en silencio, guardianes de secretos inconfesables. Películas y libros avivaban en mi imaginación la figura del monje retirado y místico.

Lo cierto es que poco se ajustaban estas ideas a la realidad. Bueno, vale, rezan mucho, todo el rato, pero aun así son hombres de su tiempo, y sí, también es verdad que viven aislados y en silencio, pero…es distinto. No como imaginaba. Me explico.

Hace unos días decidí marcharme a un monasterio perdido. Deseaba desconectar, cambiar de aires y aclarar ideas. 

La vida allí no era fácil. Mas bien difícil para el que no está acostumbrado. Todo se organiza en torno a la liturgia de las horas, que empieza a las 5 de la mañana cada día y acaba a las 10 de la noche, hora de acostarse. Entre medias hay tiempo para dormir algo más, trabajar, ocio. La comida era buena, aunque sólo se dedican a ella 20 minutos. Puede parecer una tontería pero para el huésped es difícil comer a tal velocidad.

Además, hay varias normas que han de ser respetadas, en cuanto a horarios, celebraciones, etc.
Personalmente, la que más me impresionó y costó respetar fue la del silencio. No se habla para nada con los monjes. Los saludos se reducen a movimientos de cabeza. 

Lógicamente, al no poder hablar uno pasa las horas meditando, pesando, observando. 

El silencio me marcó sin embargo porque no es un valor en alza actualmente. Cito una reflexión de Ernesto Sabato sobre la soledad, aplicable al silencio: “siempre llevamos una máscara, que nunca es la misma sino que cambia para cada uno de lo lugares que tenemos asignados en la vida: la del profesor, la del amante, la del intelectual, la del héroe, la del hermano cariñoso. Pero ¿qué máscara nos ponemos o qué máscara nos queda cuando estamos en soledad, cuando creemos que nadie, nadie, nos observa, nos controla, nos escucha, nos exige, nos suplica, nos intima, nos ataca? Acaso el carácter sagrado de ese instante se deba a que el hombre está entonces frente a la Divinidad, o por lo menos ante su propia e implacable conciencia” (pág. 73, La resistencia). ¿Cómo huir del silencio cuando sólo hay silencio? Es entonces cuando el hombre se muestra tal y como es, y surgen dos caminos: nuestra conciencia implacable y justa o la Divinidad que perdona y ama. Eso es precisamente la vida contemplativa; contemplar el mundo y la vida y apreciarlos en silencio. Contemplarse uno mismo sin obstáculos ni máscaras. Vivir alegre.

¡Cuántas veces huimos de los problemas, nos refugiamos en el ruido, en el ajetreo escapando de nuestro propio yo! El ruido tampoco tiene por qué ser malo. Es señal de vida al fin y al cabo. El problema es cuando la vida se reduce a ruido solamente.

Quizás no sea una vida “feliz” como las de la tele, pero los monjes son más felices que muchos en su riqueza y orgullo, ruido y prisas. Eso es algo que no cuadraba con mi visión del monje romántico; y es que hay cosas que han de ser vividas para comprenderlas.

jueves, 23 de junio de 2011

Carta a mi propio YO

La vida. Se ha dicho tantísimo sobre ella. Se han escrito tantos ensayos, manuales, tratados...Poca aportación puedo hacer yo, inexperto e ingenuo, sin canas en el pelo (bueno, miento, alguna asoma). Por eso pido a los que busquen algo nuevo que desistan de leer estas líneas. Que no pierdan su tiempo, tan cotizado a día de hoy.

No escribo por cerar, ni por exhibir orgulloso mi trabajo, ni siquiera porque pueda escribir algo interesante o lo que haga pueda ayudar a alguien. No. Escribo para liberarme. Para plasmar sobre el papel la serpiente que me ahoga lentamente, me angustia, me atenaza. Escribo para deshacerme de las cadenas que hacen sangrar mis manos, que impiden a mis pies moverse.

La vida. ¿Y qué se puede decir de ella? Es alegría, sol y luz. Es aroma, sabor, tacto, voz y mirada cristalina. La vida es sonreír, la vida es verdad. El baile y la música son vida. El agua es vida. Los padres son/dan vida por/para sus hijos. Abuelos, nietos, amigos, compañeros y conocidos, y hasta el borde vecino del hurón, todos son vida. Todo es vida y en todo ella está. Pero vivir, sobre todo, es AMAR. Con las cuatro letras. Alto y claro.

Me mentiría a mí mismo, y al pobre que esté aguantando esta tralla, si no admitiera que la vida también puede ser amarga. No siempre es dulce. Nadie dijo que lo fuera. Puede ser dolorosa y mucho. Nos puede faltar el aire, y la vida parece ahogarnos. No todo es felicidad y canciones alegres. También hay lágrimas, tristezas y canciones deprimentes. Es así. Las penas de unos serán superficiales y pasajeras, las de otros profundas y sangrantes. Forman parte de esta historia.

Por ello hay que tener valor, hay que "echarle huevos" a la vida. No se puede vivir a medio gas. El valor, el genuino, no se encuentra en la boca de un león, ni en la montaña rusa más alta del mundo. Que nadie lo busque ahí. El de verdad se encuentra dentro de nosotros. Es la voluntad de luchar hasta el final y no huir, el anhelo de superar los obstáculos, de seguir caminando. Valiente es el que confiesa su pesar a un amigo, admitiendo su vulnerabilidad, su debilidad en un mundo en el que comes o te comen. Valor es atreverse a AMAR, entregándose sin reservas, cerrando los ojos y dando un paso hacia lo desconocido.

Y sin valor no hay nada, ni tan siquiera vida. No hay esperanza, ni fe, ni futuro posible. Todo se reduce a idas y venidas, vueltas sin sentido, angustias y amarguras que nos lastras y asfixian, sonrisas postizas. Sin valor uno mira la vida desde la barrera, se hace viejo y se agrieta, languideciendo como la planta que no tiene agua.

No pretendo dar lecciones de vida a nadie. Me cuesta dármelas a mí mismo. Tampoco quiero que nadie reflexione. No busco ningún fin.

Sólo escribo para liberarme y, en cierto modo, ya lo he conseguido.

domingo, 22 de mayo de 2011

Ain't No Reason

Brett Dennen es uno de esos artistas relativamente "desconocidos" que a veces sorprenden con canciones llenas de sentido, de razón. Este es uno de sus temas más conocidos, muy apropiado para los momentos revolucionarios que estamos viviendo en España. Y es que, como bien dice Dennen "love will come set me free" (el amor me hará libre). Eso, el amor, es lo ÚNICO que da sentido a las cosas, a los cambios, a la vida.



Letra:

There aint no reason things are this way
Its how they always been and it tends to stay
I can't explain why we live this way, we do it everyday
Preachers on the podeum speaking of saints
Prophets on the sidewalk begging for change
old ladies laughing from the fire escape cursing my name
I got a basket full of lemons and they all taste the same
A window and a pigeon with a broken wing
You can spend you whole life working for something,
Just to have it taken away
People walk aroun pushing back their debts
Wearing pay checks like necklaces and braceltes
Talking bout nothing, not thinking bout' death
Every little hearbeat, every little breath
People walk a tight rope
On a razors edge
Carrying their hurt and hatrid and weapons
It could be a bomb or a bullet or a pen
Or a thought or a word or a sentence

There Ain't no reason
Things are this way
It's how they've always been
and its tends to stay
I dont know why I say
The things that I say
But I say them anyway
But love will come set me free
Love will come set me free, I do believe
Love will come set me free, I know it will
Love will come set my free yes.

Prison walls still standing tall
Some things never change at all
Keep on building prisons, gonna fill them all
Keep building bombs, gonna drop them all
Working young fingers bear to the bone
Breaking your back make you sell your soul
Like a lung its filled with cold, sufficating slow
The wind blows wild and I may move
The politions lie and i am not fooled
you don't need no reason or a three piece suit
To argue the truth
The air on my skin and the world under my toes
Labor is stiched into the fabric of my clothes
Chaos and comotion wherever I go
Love I try to follow

Love will come set me free
Love will come set me free, I do believe
Love will come set me free, I know it will
Love will come set my free yes.

There ain't no reason things are this way
Its how its always been and it tends to stay
I can't explain why we live this way,
We do it everyday.


Buen domingo de elecciones a tod@s

miércoles, 18 de mayo de 2011

La semilla de algo nuevo

Soy un ser humano. Soy un ciudadano. Soy un estudiante. Soy un becario. Soy un creyente.

El pasado 15 de mayo, una mezcla de curiosidad, aburrimiento y hartazgo me sacaron de casa, me hicieron ir a Cibeles. No tenía muy claro qué buscaba ni qué esperaba encontrar. Lo que allí ví me creo un sabor agridulce. Por un lado, había mucha gente corriente, curiosa como yo, que se había levantado del sofá harta, indignada. Había parados, jóvenes sin futuro, sin trabajo, familias, niños, abuelos. Había de todo. Por otro lado, había gente de ideas fijas, enarbolando banderas de países inexistentes, de partidos olvidados e ídolos muertos. Estos últimos gritaban, se dejaban la voz, contra mi fe, contra lo más íntimo de mi ser, contra mí. No era una situación agradable y no tarde en marcharme, cabizbajo, decepcionado. Tantas buenas ideas, tantos cambios e ilusiones pisoteados por esos pocos. Lástima de que aquel día me pudiera el desánimo.

Hoy estuve en la Puerta del Sol. Y de repente todo cambió. Es como si algo, un pequeño engranaje dentro de mí, se hubiera movido. Nunca, jamás, en toda mi vida, habían visto mis ojos algo como aquello. Nunca mis oídos escucharon voces como esas. Reunida, en torno a varios círculos, bajo algunas carpas armadas improvisadamente había gente, mucha gente. Muchos seres humanos. Muchos ciudadanos. Muchos estudiantes, becarios, y también creyentes. De todos los colores, de todos los credos. Hablaban jóvenes con viejos, de cambios, de sueños, de realidad y de libertad. Había corros pequeños y otros más grandes en los que la gente se pasaba el micrófono, comentando, opinando. Me recordaba al ágora de Atenas, donde los antiguos griegos conversaban, de política, economía, comercio. La Atenas clásica había revivido en España, en el mismo corazón de mí país.

Ahora soy realmente consciente de lo que esto es. Ahora me doy cuenta de que sí, de que siempre va a haber extremistas y gente que me insulte por lo que soy o lo que creo. Pero eso no me va a detener. Esto es algo más grande, que supera cualquier prejuicio, cualquier odio. Hay que concretar objetivos. Puede que todo acabe en nada. Que no haya servido de nada. Que la policía llegue en una hora y eche a todo el mundo. Fin. Pero yo tendré la conciencia tranquila. Tendré en la mente, la imagen de los debates en la calle, de los abuelos pensionistas hablando con los jóvenes barbudos. Y es que esto es el principio de algo. Es la semilla de algo nuevo. De un mundo en el que las personas sean algo más que su voto o su número de DNI. Es el principio de un mundo humano. De nosotros, y de nadie más, depende conseguirlo.

http://www.youtube.com/watch?v=s-qiF1jLZJ8&fe

Hoy es el tiempo que puede ser mañana.

lunes, 25 de abril de 2011

Respirando hondo

Lo cotidiano agobia. A veces incluso asfixia o ahoga. Da igual que estudies, trabajes o te dediques a otros menesteres. Da igual que vivas en el piso más oscuro del más recóndito rincón de una ciudad o en un inmenso palacio. Los humanos nos hartamos de la rutina. Y necesitamos salir, escapar, respirar.

Madrid es una ciudad grande, a veces, inabarcable. También es una ciudad hermosa. Tiene todo lo que todas las metrópolis del mundo desearían tener: es núcleo de poder y centro de vida con las innumerables tiendas, terrazas y bares, los parques y paseos, los museos, los teatros y cines, los centros comerciales y las zonas de fiesta también. En Madrid hay de todo y para todos. Si, ya sé que no tenemos mar, y es una lástima, pero por lo menos ya tenemos playa. Madrid es único. Pero Madrid también cansa. La contaminación, los coches, el ruido, las aglomeraciones, el estrés...y tantas otras cosas. Por eso, a veces se agradece el airearse.

Por regla general, cuando uno sale del ambiente rutinario, de la cotidianidad, ve el mundo con otros ojos. Todos nuestros problemas desaparecen como por arte de magia. Es como si de repente fuéramos libres y soltáramos las cadenas del "al salir, tengan cuidado de no introducir el pie entre coche y andén".

Yo la paz la encuentro en el campo, en los árboles, en el cielo, lejos de la "civilización". Es curioso lo que se siente al reconocer un paisaje familiar. Cuando veo la silueta de las montañas, verdes por esta época del año, es como si se apagara el interruptor de detrás de la oreja. Desaparecen los horarios, las alarmas, los plazos. Nada importa. Sólo estoy yo. Y las montañas. Y la arena bajo mis pies. Es entonces, justo en ese momento cuando respiro profundamente. El sol brilla en lo alto, por entre las nubes, y el viento agita los árboles, y el trigo todavía verde.

 No te ilusiones demasiado. No durará eternamente. ¿Acaso algo lo es? También esto se acabará. Y habrá que volver a la rutina. La tediosa y aburrida rutina. Pero no te preocupes. La rutina tampoco es eterna.

sábado, 16 de abril de 2011

Nina Simone - Ain't got no

Da comienzo con esta entrada una nueva sección del blog: música. Ella nos acompaña en todos los momentos de nuestra vida. En los importantes y en los no tanto, en los tristes y en los alegres, en el metro y en el coche. La música es la expresión de sentimientos de otra manera inexpresables. La música no tiene límites, no conoce frontera alguna. Rompe cadenas y nos libera. Es un universo que se expande a cada segundo que pasa.

Y para empezar fuerte, ahí va un clásico de Nina Simone.



Eunice Kathleen Waymon (1933-2003), más conocida como Nina Simone, fue una cantante apasionada. De fuerte caracter y duro temperamento, en ocasiones resultaba demasiado altanera, aunque también tenía un lado vulnerable.

Luchó por los derechos de los afroamericanos en Estados Unidos, ya que desde pequeña vivió en la segregación racial. Expresó con su voz grave, sin aliento, y profunda lo que sentía, su lucha interior.

Esta canción es un canto a la vida, tan implacable a veces, pero al mismo tiempo tan bella. A la vida y a la LIBERTAD.

Espero que la disfrutéis.